La transmisión del texto sagrado
El vocablo «canon» significa «regla» o «vara de medir» y, con respecto a la Biblia, se refiere al conjunto de libros que pasaron por la prueba de la autenticidad. En este sentido, las pruebas solo demuestran lo que ya existe dentro. Del mismo modo, ni la iglesia ni los concilios hicieron canónico ni auténtico ningún libro; el libro ya era auténtico, o no lo era, cuando fue escrito. Por lo tanto, el canon de las Escrituras se fue formando según cada libro era escrito, y quedó completo al terminarse la redacción del último libro.
Ahora bien, ¿es fiable nuestro texto actual de la Biblia? Las copias originales del Antiguo Testamento fueron escritas en piel o papiro. Aunque no poseíamos copias del Antiguo Testamento anteriores al año 895 de nuestra era, los masoretas examinaban con todo esmero cada copia contando la letra intermedia de cada página, libro y sección. Con el descubrimiento de los rollos del Mar Muerto, hoy día se cuenta con un texto hebreo, del segundo al primer siglo a. C., de todos los libros del Antiguo Testamento, excepto Ester. Esto proporcionó una verificación mucho más temprana de la exactitud del texto masorético, el cual ha demostrado ser extremadamente preciso.
Por su parte, del Nuevo Testamento existen hoy más de 5000 manuscritos (MSS), lo cual hace del Nuevo Testamento el documento mejor atestiguado de entre todos los escritos antiguos. Así, acumulando todos estos datos y respaldados por todo el trabajo llevado a cabo por expertos en la materia, contamos con la seguridad de poseer hoy un texto esmerado y fiable del Nuevo Testamento. La historia del canon demuestra el riguroso cuidado en la transmisión del texto sagrado.
La arqueología bíblica aporta evidencia material para corroborar la exactitud de los textos y contenidos bíblicos.
El vocablo «arqueología» procede de dos palabras griegas, archaios y logos, significando, literalmente, «tratado de cosas antiguas». Pero el término se aplica ahora, de ordinario, al estudio de materiales excavados pertenecientes a una era anterior. La arqueología bíblica puede definirse como el examen de cosas antiguas que se perdieron y se han hallado de nuevo, en la medida en que esos objetos recuperados están relacionados con el estudio de las Escrituras y la descripción de las costumbres en los tiempos bíblicos. De este modo, la arqueología es básicamente una ciencia. El conocimiento en este campo se adquiere mediante estudio u observación sistemática, y los hechos descubiertos se valoran y se clasifican en un cuerpo organizado de información.
La arqueología nos ayuda a entender la Biblia, pues revela cómo era la vida en los tiempos bíblicos, qué es lo que realmente significan algunos pasajes oscuros de las Escrituras y cómo han de entenderse los relatos bíblicos en su respectivo contexto histórico-geográfico. Igualmente, la arqueología ayuda también a corroborar la exactitud de los textos y contenidos bíblicos, y ha mostrado la falsedad de algunas teorías sobre la interpretación bíblica. Ha servido de ayuda también para mostrar que el texto bíblico ha sido transmitido con un extraordinario grado de exactitud.
Sin embargo, no se debe ser dogmático en las afirmaciones relativas a dicha confirmación, pues la arqueología ha creado también numerosos problemas al estudioso de la Biblia. Por ejemplo, los relatos de la creación y del diluvio que contienen los recuperados documentos babilónicos y sumerios, al ofrecer un sorprendente paralelismo con el Antiguo Testamento, desconciertan al estudioso de la Biblia. Está también el problema de interpretar la relación entre los textos de Ras Shamra y el código de la ley mosaica, y aquello que se sabe sobre la historia de los heteos y los filisteos frente a la historia de Abraham. Pero puede esperarse con entera confianza que un día llegarán las respuestas satisfactorias a esos problemas, pues hasta la fecha no se ha dado ni un solo caso en que la arqueología haya demostrado contundentemente que la Biblia contiene algún error.
En cuanto a la relación entre la arqueología y el texto de la Biblia, cabe mencionar que, aunque la mayor parte del trabajo arqueológico solía centrarse en la historia bíblica, hoy es creciente el interés de la arqueología en el texto de la Biblia. A este respecto, un estudio intensivo de más de 2700 manuscritos del Nuevo Testamento griego que datan del siglo II de nuestra era en adelante ha mostrado que el texto del Nuevo Testamento ha sido preservado de forma extraordinaria en su transmisión hasta la fecha. Ni un solo punto de doctrina ha sido tergiversado.
Dentro de estas contribuciones, B. P. Grenfell y A. S. Hunt excavaron en el distrito egipcio de Faiyum (1896-1906), hallando gran cantidad de papiros y dando así comienzo a la ciencia de la papirología. El número de fragmentos de papiros manuscritos que contienen porciones del Nuevo Testamento alcanza hoy día los 77. Estos fragmentos ayudan a corroborar el texto general hallado en los manuscritos más largos de vitela que datan del siglo IV en adelante, así como a cerrar la brecha de tiempo existente entre los manuscritos tardíos y los originales. Asimismo, los papiros han mostrado que la gramática del Nuevo Testamento es buena y que este era el lenguaje común y corriente de quienes hablaban griego de los primeros siglos de nuestra era.
En relación con los descubrimientos del Antiguo Testamento, la importancia del descubrimiento de los rollos del mar Muerto es tremenda. Han hecho retroceder 1000 años la historia del texto del Antiguo Testamento. Asimismo, nos han provisto de un contexto más adecuado para el Nuevo Testamento y han ayudado a establecer la exactitud del texto del Antiguo Testamento. El estudio de los rollos ha mostrado que el texto de la Septuaginta (el Antiguo Testamento en griego) es más exacto de lo que a menudo se pensó. Finalmente, los rollos suministran nuevo material para ayudar a establecer el significado de los vocablos hebreos.
La arqueología ayuda también a corroborar la exactitud de los textos y contenidos bíblicos. A través de la investigación de manuscritos y excavaciones, se evidencia que el texto del Nuevo Testamento ha sido preservado de forma extraordinaria en su transmisión hasta la fecha.
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El texto previo es un extracto y adaptación de uno de los numerosos apéndices temáticos y de las más de 10 000 notas explicativas concisas que son parte del contenido de la Biblia de estudio Ryrie ampliada (RVR60) de Charles Caldwell Ryrie.
