Blog
Del control a la libertad
Mi interés en las mujeres controladoras de la Biblia comenzó con Eva. Estaba pintando el lavadero mientras escuchaba un sermón de John Piper sobre la maldición de Génesis 3 y cómo el «deseo de Eva de enseñorearse de su esposo» en realidad era un deseo de controlar. Con el pincel en la mano, se me ocurrió que sobre mí también, una hija de Eva, recae la maldición del deseo de controlar. Más tarde, me puse a investigar con curiosidad en las Escrituras para buscar otras hijas de Eva que tuvieran problemas de control. Resulta que es difícil encontrar mujeres de la Biblia que no fueran mujeres controladoras.
«¿De veras Dios les dijo...?»
El término teología bíblica se ha usado de diferentes maneras, pero en esta ocasión se hace referencia a un método especial de estudio teológico que usa el término teología bíblica para referirse a la metodología que, con orientación histórica, toma su material del Antiguo y Nuevo Testamento para llegar a una teología. Es exegética por naturaleza extrayendo su material de la Biblia, a diferencia de la comprensión filosófica de la teología; enfatiza las circunstancias históricas en las cuales se propusieron las doctrinas; examina la teología dentro de un período dado de la historia (como las eras noéica o abrahámica) o de un escritor individual (como los escritos paulinos o juaninos).
El autor más importante de la historia
A primera vista parecería totalmente innecesario considerar las razones por las que hay que estudiar la Palabra de Dios. Podríamos suponer que, después de la conversión, lo más natural para un nuevo creyente sería empezar un estudio de por vida del libro que le llevó originalmente a Cristo. Pero tanto la observación personal como la historia de la Iglesia demuestran todo lo contrario. La verdad es que la mayoría de los cristianos conocen poco acerca de la Biblia. Se exponen a continuación algunas buenas razones para estudiar las Escrituras.
Testigos de papiro y pergamino
El vocablo «canon» significa «regla» o «vara de medir» y, con respecto a la Biblia, se refiere al conjunto de libros que pasaron por la prueba de la autenticidad. En este sentido, las pruebas solo demuestran lo que ya existe dentro. Del mismo modo, ni la iglesia ni los concilios hicieron canónico ni auténtico ningún libro; el libro ya era auténtico, o no lo era, cuando fue escrito. Por lo tanto, el canon de las Escrituras se fue formando según cada libro era escrito, y quedó completo al terminarse la redacción del último libro.
Expresar amor requiere más que palabras
El mandato de Dios de amar a otros como a ti mismo (ver Levítico 19:34) no significa amarlos de la manera que tú quieres que te amen. En el ámbito de la convivencia cotidiana, el lenguaje de amor que mejor funciona para ti no funciona para todos. Necesitas conocer no solo el lenguaje de amor más eficaz de una persona, sino también el menos eficaz.
El silencio antes de la Luz
Cuando el registro histórico del Antiguo Testamento llegó a su fin, cayó el telón sobre los primeros siglos de la existencia de la humanidad. Desde Adán y Eva hasta Esdras y Nehemías, Dios se había revelado a sí mismo en los asuntos tanto de las personas como de las naciones. ¿Cuánto tiempo pasó hasta que llegó el Mesías? ¿Cuánto tiempo los judíos —de hecho, todo el mundo— debieron esperar este glorioso día prometido? De hecho, este es aproximadamente el mismo período durante el cual el registro histórico de las Escrituras permaneció en silencio.
Vapor de vapores
Todas las metas y bendiciones terrenas, cuando se persiguen como fines en sí mismas, llevan a la insatisfacción y a la vaciedad. El Predicador u orador, el Eclesiástes, era un hombre de fe pero escéptico con referencia a la sabiduría y a las empresas humanas.
Un pacto sellado con sangre
El Nuevo Testamento registra el establecimiento del nuevo pacto, la manera de Dios para salvar a la perdida y pecaminosa raza humana. Dios prometió en el Antiguo Testamento (Jer. 31:31-34) establecer este pacto con Israel por medio del Mesías, centrándose en la vida espiritual y la redención de Israel. Sin embargo, a medida que se desarrolló el Nuevo Testamento, se hizo claro que el nuevo pacto abarcaría a toda la humanidad (Gn. 12:3; Lc. 22:20; He. 8:6-13).
La misericordia que no conoce fronteras
El Señor puso su amor sobre los descendientes de Abraham y les dio una prominencia especial, promesas de pacto y un futuro distintivo. Sin embargo, esto no era así para que la compasión y la atención de Dios solo se extendieran a Israel. Israel debía ser una luz de esperanza para las naciones, de manera que gente de toda tribu y lengua pudiera conocer la verdad salvadora del Señor.
Recuperación sin reinvención
Como todo pastor, mi oración es poder decir al final con el apóstol Pablo: «He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe» (2 Ti. 4:7). Tal como en cada período de la historia de la redención desde el nacimiento de la Iglesia en Pentecostés, ha habido preocupantes dispensaciones de transigencia que han azotado al cuerpo de Cristo. Si bien los pormenores pueden variar, en cada situación el auge y la caída de la fidelidad en la Iglesia ha dependido de los pastores, hombres a los que Dios ha comisionado para que hablen por Él y pastoreen su rebaño. Cuando ellos han fallado, la Iglesia ha seguido su ejemplo. Pero cuando han permanecido firmes en la fe, ha florecido, no solo sobreviviendo en medio de gran oposición, sino también creciendo a causa de ello.
