¿Cuál mamá quieres ser?
Por Emily A. Jensen y Laura Wifler
Si nos fijamos en casi cualquier encuesta realizada a las madres, veremos que la mayoría de ellas luchan con sentimientos de culpa o se sienten abrumadas. Muchas madres amamos profundamente a nuestros hijos, deseamos hacer lo mejor y buscamos saber con claridad qué necesitamos para ser excelentes madres, pero si bien las cunas y los cambiadores vienen con instrucciones detalladas, gran parte de la labor de criar a los hijos no.
Miramos a nuestra familia, a nuestras amigas, a nuestra comunidad o incluso a las personas que seguimos en redes sociales. Buscamos llenar el espacio en blanco después de la palabra «mamá» con una descripción que nos diga «quiénes somos como mamá»: la mamá rural, la mamá urbana, la mamá misionera en el extranjero, la mamá naturista, la mamá que defiende la maternidad consciente, la mamá que educa en casa, o la mamá empoderada, la mamá moderna...¿cuál de todas?
Buscamos un modelo de maternidad para sentir seguridad, pero encontramos cargas y temores.
Pensamos que si tan solo obtenemos la imagen correcta, tendremos un modelo. Y para muchas de nosotras, el modelo significa que podemos tener un manual. Y un manual quiere decir que finalmente podemos tener una fórmula para nuestra labor de madre y eliminar —o al menos calmar— las inquietudes, los miedos y las ambigüedades de nuestra labor. Un modelo tangible para la maternidad implica poder estar un poco más seguras de que estamos haciendo «bien» las cosas y tener una vara para medir nuestro progreso.
Sin embargo, aquí está la trampa: por mucho que intentemos seguir el modelo de una determinada clase de mamá —o tal vez seamos la mamá insegura mientras intenta encontrar su estilo—, nunca podremos hacerlo a la perfección. Descubriremos que tenemos nuestras propias limitaciones y que no podemos cumplir con las expectativas; o que la vida nos presenta pruebas, aflicciones y circunstancias que ni nosotras ni el manual esperábamos. Quizás logremos mantener la apariencia de tener todo bajo control durante un tiempo, pero eso puede convertirnos en mamás engreídas que juzgan a otras mamás convencidas de haber encontrado la única forma correcta de ser buenas madres mientras todas las demás no lo logran. Al final, todas descubrimos que no estamos totalmente contentas con la madre que somos y nos quedamos con sentimientos de insatisfacción y búsqueda.
La buena noticia es que nuestra tendencia a llenar el espacio en blanco después de la palabra mamá es una señal de esperanza. Hay una frase que puede llenar el espacio después de mamá y ayudarnos a ser madres plenas y fieles, esa frase es: una mamá centrada en el evangelio.
El propósito de nuestra maternidad está arraigado fundamentalmente en Dios y su perfecto diseño. No se trata de nosotras, sino de Él. Como mujeres creadas a imagen de Dios, existimos para glorificar a Dios y gozar de Él para siempre. Dios tiene una persona a la que quiere que imites en tu vida, y esa persona es su hijo, Jesucristo. Él no nos da una fórmula exacta para cada decisión, pero sí nos da su Palabra, su Espíritu y la iglesia para fortalecernos, ayudarnos y guiarnos.
Esta clase de madre recibió un nuevo corazón y una nueva naturaleza con la justicia de Cristo. Hace el bien no para ganar algo, sino porque Dios le ha hecho el bien. Conoce su misión y propósito; no vive buscando solamente elogios terrenales, sino entregando su vida a Cristo y mostrando su bondad a quienes la rodean. Esta clase de madre comprende las realidades de una tierra rota y las dificultades de la vida al este del Edén. No espera una maternidad sin luchas, pero encuentra esperanza porque se alegra de que nada puede separarla del amor de Dios. Y al mismo tiempo, reconoce que la batalla es contra el mundo, la carne y el diablo, no contra otras mamás.
Una mamá centrada en el evangelio no es leal a un estilo de vida o método, subcultura o estereotipo modernos. No busca imitar ciegamente a otras personas; es leal al Rey de reyes y se somete a su dirección en todas las cosas.
Si hemos creído en las buenas noticias de Jesús, no necesitamos ningún manual sofisticado sobre madres para glorificar a Dios, porque somos completamente justas ante el trono de Dios por medio de Cristo y tenemos al Espíritu Santo dentro nuestro. Como creyentes, ya estamos glorificando a Dios cuando lo buscamos, vivimos para Él y tomamos decisiones con fe. Así como el evangelio en sí es bellamente sencillo e infinitamente profundo, vivir como una mamá centrada en el evangelio también es sencillo —¡solo vivimos según la Palabra de Dios y lo seguimos con fe!— y, a la vez, complejo —estudiamos, consideramos, aplicamos la sabiduría y pasamos tiempo en oración para buscar la dirección, la voluntad y la gloria de Dios en cada momento de la vida—.
El texto previo es un extracto y adaptación del contenido de Mamá centrada en el evangelio escrito por Emily A. Jensen y Laura Wifler. Para obtener más información y descargar páginas de muestra, pulsa aquí.
