La definición bíblica de masculinidad.

Por Mark Henry

En la actualidad hay corrientes globales que intentan redefinir la identidad y naturaleza del varón. Los medios populares representan a los hombres de muchas maneras negativas. En general, describen la masculinidad como algo tóxico y hasta letal. Si cuentas un chiste respecto a la incompetencia o pereza de un hombre, te asegurarás algunas carcajadas. Si cuentas un chiste similar respecto a una mujer, la sociedad te etiquetará de políticamente incorrecto y de promotor de discursos de odio.

En la mayoría de las universidades importantes, el campo de los estudios de género se trata más de desmeritar al varón que de estudiar de forma objetiva las complejidades intrínsecas en la masculinidad y la feminidad. Se les enseña a los estudiantes a ver a los hombres y a los niños como ególatras y opresores. Sin embargo, la realidad es que ambos están en crisis. Las dimensiones de la crisis demuestran que el problema va mucho más allá del ámbito educativo. En general, los niños están en problemas. También lo están sus contrapartes adultas.

Menospreciar al varón es popular, moderno y está de moda.

Esta distorsión impacta a las nuevas generaciones. Una parte importante del problema es lo que se llama «niños sin papá». Los hombres ausentes en una generación crean más hombres ausentes en la siguiente… y así sucesivamente. Es posible detener este ciclo, pero solo si lidiamos con él. Incluso cuando el padre figura en la vida del niño, no siempre está allí presente. Entre los niños que tienen a papá en su vida, el promedio de conversación entre ellos es de 30 minutos por semana. Mientras tanto, los niños pasan un promedio de 44 horas por semana con su teléfono, mirando televisión, en la computadora y frente a otros tipos de pantallas. El niño encontrará un ejemplo a seguir. Si el papá no lo hace, alguien más lo hará. En otras palabras, si no quieres que la última celebridad de moda se convierta en el mentor de tu hijo, no le entregues el puesto. Los niños tienden a imitar a las estrellas de los deportes o del entretenimiento; por tanto, es importante considerar qué cosas están aprendiendo de ellas. Ellos copiarán los valores, las actitudes y los comportamientos negativos a menos que un padre intervenga y les enseñe a diferenciar entre lo bueno y lo malo.

Lo que sembramos en los niños lo cosechamos en los hombres. A estas alturas, la crisis infantil se ha convertido en una crisis de adultos. Hay grandes cantidades de hombres que no han crecido. En algunos casos, es porque nunca aprendieron a ser responsables. En otros, es porque nunca se les enseñó a tomar decisiones buenas y correctas. Tienen grandes problemas con adicciones a la pornografía y a los videojuegos. Algunos siguen viviendo con mamá y papá o dependen de ellos demasiado. Los niños y los jóvenes están en modo «hedonismo presente». Esto significa que su objetivo es la búsqueda del placer y de la gratificación personal en este momento, o sea buscar el placer inmediato y evitar los sacrificios o las dificultades. Casi nunca planean el futuro más allá de las siguientes cuantas horas y no se preparan para contingencias. No tienen planes a largo plazo. Su vida carece de rumbo. Los niños y los hombres han caído en una terrible espiral descendente. Esta crisis se perpetúa y se multiplica sola.

Como creador, Dios diseñó al hombre de una cierta manera y todo hombre que obedece este diseño es un hombre de verdad. Este escucha el llamado de Dios, acepta a Jesús como Señor, vive para los propósitos de Dios, se mantiene centrado, actúa con un sentido de deber y de responsabilidad, practica el carácter piadoso, utiliza su fuerza para proteger a otros, trabaja con diligencia, respeta la autoridad, alienta y cultiva a su familia y hace avanzar la obra de Dios. Este es el hombre que Dios creó y nos llamó a ser. Dios también creó a las mujeres con fuerza, valentía y agallas, al igual que a los hombres. Entre los sexos existen similitudes, así como diferencias. Sin embargo, las diferencias son reales. Estas diferencias son muchas, son maravillosas y Dios tiene un propósito para ellas. Es lamentable que nuestra sociedad esté obsesionada con eliminar estas diferencias. Al hacerlo, está yendo en contra del diseño de Dios. La realidad de que existen diferencias no significa que Dios valore más a uno que a otro. Dios ama a mujeres y hombres por igual. A sus ojos, ambos tienen el mismo valor. Son igual de importantes. Sin embargo, para entender el llamado de Dios en nuestra vida, debemos reconocer las diferencias que ha creado entre los hombres y las mujeres.

La cultura actual se jacta de decirnos: «Sé tú mismo», pero no cuando se trata de las formas distintas en las que Dios creó a los hombres y a las mujeres. La sociedad nos dice que las niñas deben portarse como niños y que los niños deben portarse como niñas. El resultado es una confusión perjudicial que llega a veces hasta el punto de una enfermedad mental. Los hombres y las mujeres somos diferentes. No debemos desalentar estas diferencias; debemos celebrarlas. En contraste, la sociedad celebra la diversidad en casi todos los ámbitos menos en este. Niega la diversidad entre varón y mujer. El sentido común lo confirma, pero la policía ideológica nos dice que es sexista hasta mencionar las diferencias. Esta negación de las verdades fundamentales respecto a los sexos ha provocado cosas terribles tanto en los hombres como en las mujeres, y lo peor de todo es lo que ocasiona en los niños y niñas. No tiene nada de malo ser un hombre. No tiene nada de malo ser una mujer. Debemos aceptar y disfrutar la forma en la que Dios nos hizo. Este fue su plan desde el principio.

«Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos» (1 Corintios 16:13). Además de su fuerza y de tener un cromosoma X y uno Y, el aspecto más importante de ser un hombre de verdad es ser un hombre de Dios. No podemos sostener nuestro nivel presente de civilización sin un giro radical. En términos bíblicos, un giro radical significa «arrepentimiento». Necesitamos regresar a la definición bíblica de la masculinidad… y necesitamos hacerlo ahora.

El texto previo es un extracto y adaptación del contenido de El código, escrito por Mark Henry. Para obtener más información y descargar páginas de muestra  pulsa aquí.