Un vistazo a sus riquezas
Por Tim Dowley
¿Qué libro ha sobrevivido más de 3500 años, fue escrito en tres idiomas distintos, traducido a cientos de lenguas y sigue siendo el más leído del mundo? La respuesta te sorprenderá: la historia de la Biblia es un viaje de precisión técnica, descubrimientos arqueológicos asombrosos y una expansión lingüística sin precedentes que tenemos el privilegio de escudriñar y conocer.
Desde tablillas de arcilla hasta el formato de libro moderno, en sus inicios, los registros no se hacían en papel, sino en superficies como arcilla, madera, piedra y fragmentos de tiesto. Con el tiempo, el uso del papiro (una planta del Nilo) y el pergamino (piel de oveja) permitió la creación de los primeros rollos, algunos de los cuales llegaban a medir hasta 10 metros de longitud.
El «Gran Rollo de Isaías» (1QIsaᵃ), que data de entre el 200 a.C. y el 70 d.C, fue descubierto por accidente en 1947 por un joven beduino, en las cuevas de Qumrán, cerca del Mar Muerto.
Fueron los cristianos quienes marcaron un hito tecnológico al popularizar el "códice", en el segundo siglo. Este formato, precursor del libro moderno, consistía en hojas dobladas y cosidas que permitían añadir tapas duras, facilitando enormemente su transporte y lectura.
A lo largo de siglos, las diferentes partes de la Biblia fueron escritas por diferentes personas durante un largo período de tiempo, probablemente de entre 1.500 a 2.000 años. Fue con posterioridad que las muchas diferentes partes fueron recogidas en un solo volumen. Las célebres historias acerca del primitivo pueblo judío —Moisés y los Diez Mandamientos, José y su túnica especial, y David y Goliat—, sucedieron hace unos 3.500 años y fueron escritas alrededor de aquel tiempo. Esto nos muestra que la Biblia no es simplemente un libro; es, en esencia, una biblioteca compuesta por 66 volúmenes distintos que han moldeado la historia de la humanidad. Esta colección se divide en dos grandes bloques: el Antiguo Testamento (39 libros) y el Nuevo Testamento (27 libros), abarcando géneros que van desde la ley y la historia hasta la poesía, la sabiduría y la profecía.
Si bien la fidelidad de sus textos ha sido cuestionada por siglos, la arqueología ha brindado respuestas contundentes. En 1947, un joven beduino descubrió por accidente en las cuevas de Qumrán, cerca del Mar Muerto, una biblioteca de unos 400 rollos que habían pertenecido a la secta de los esenios. Entre estos hallazgos destaca el «Gran Rollo de Isaías» (1QIsaᵃ), que data de entre el 200 a.C. y el 70 d.C. A pesar de mil años de copiado manual, el texto era prácticamente idéntico a las versiones posteriores. Para los expertos esto fue la prueba más asombrosa de la extraordinaria precisión con la que trabajaban los escribas antiguos.
Entre los hallazgos más fascinantes, posiblemente la parte más antigua descubierta del Nuevo Testamento hasta hoy sea un fragmento de papiro, de solo 6 cm por 9 cm, que contiene unas pocas líneas del Evangelio de Juan. Está escrito en griego y data de alrededor del 130 d.C. Es conocido como el "Fragmento John Rylands".
En cuanto a sus lenguas de origen, la Biblia fue una manifestación políglota desde su origen. El Antiguo Testamento se escribió principalmente en hebreo —una lengua de 22 consonantes que se lee de derecha a izquierda— con algunas secciones en arameo, el idioma cotidiano de Palestina en tiempos de Jesús. Por su parte, el Nuevo Testamento se redactó en griego koiné, la lengua popular de la época, para asegurar que el mensaje llegara a la mayor cantidad de personas posible.
Pero la expansión no se detuvo ahí: esta vocación universal se aceleró drásticamente en el siglo XIX. Mientras que en 1800 la Biblia estaba en menos de 70 lenguas, para 1900 ya alcanzaba más de 500 idiomas. Figuras como William Carey en la India y Roberto Moffat en África del Sur fueron piezas clave para su expansión global. La traducción a la lengua yoruba fue supervisada por Adjai Crowther, un esclavo liberto de Nigeria que llegó a ser el primer obispo africano. Fue terminada en 1884.
En Latinoamérica, la primera traducción de las Escrituras que se imprimió en una lengua nativa de América del Sur fue el Evangelio de Lucas en aimará, en 1829. La traducción fue llevada a cabo por un peruano, el doctor Vicente Pazos-Kanki quien residía en Londres.
El texto previo es un extracto y adaptación del contenido de Guía bíblica ilustrada, escrita por Tim Dowley. Para obtener más información y descargar páginas de muestra pulsa aquí.
