La experiencia extrema del alma
Todos conocemos la historia de David huyendo de Saúl. Es uno de esos relatos bíblicos que aprendemos desde pequeños: las persecuciones por el desierto, la lealtad inquebrantable de Jonatán, los momentos en que David pudo matar a Saúl y no lo hizo. Es una historia de fe, valentía y confianza en Dios que ha inspirado a creyentes por generaciones.
Pero ¿qué sentía David mientras ocurría todo esto? ¿Qué pasaba por su mente cuando Saúl, consumido por los celos, le lanzó una lanza mientras él tocaba el arpa? ¿Qué sentía cuando Mical, su esposa, lo descuelga por una ventana para salvarle la vida o mientras huía hacia Samuel en Ramá, sin saber si sobreviviría la noche? Aunque la crónica de esos hechos se relata en 1 Samuel 19, lo que pasa en el corazón y mente de David en el momento preciso en que escapa de Saúl se expresa en el Salmo 59:1 «Líbrame de mis enemigos, oh Dios mío; ponme a salvo de los que se levantan contra mí». Al entrelazar los hechos externos con la vivencia íntima y personal de este salmo, logramos identificarnos con ese ser humano finito y vulnerable que, en medio de una noche de auténtico terror, derrama su corazón ante Dios.
La Biblia fue escrita para que podamos vernos reflejados en las historias de los hombres y mujeres que describe.
Y ese no es el único ejemplo: Cuando David huye a Gat y finge estar loco para salvar su vida —1 Samuel 21:10-12— tenemos el Salmo 56: «En el día que temo, yo en ti confío….» Cuando se esconde en la cueva de Adulam rodeado de hombres quebrantados y endeudados —1 Samuel 22:1-2— descubrimos el Salmo 142: «Con mi voz clamaré a Jehová; con mi voz pediré a Jehová misericordia. No tengo refugio, ni hay quien cuide de mi vida». Y cuando finalmente David perdona la vida a Saúl dentro de aquella cueva en En-gadi —1 Samuel 24:1-7— (uno de los actos de misericordia más asombrosos de toda la Biblia), el Salmo 57 completa el cuadro: «Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí; porque en ti ha confiado mi alma».
Cada Salmo de David, en su lugar exacto, convierte su historia de vida en una experiencia con la que podemos identificarnos (seamos parte de la realeza o no). Leer la Biblia de esta manera transforma su comprensión. El libro de Samuel y los Salmos no son dos libros separados (el relato histórico por un lado y los poemas por otro), sino el reflejo de una sola vida. David, al huir por los desiertos de Judá —1 Samuel 21-26— es el mismo David que escribe: «Gustad, y ved que es bueno Jehová; Dichoso el hombre que confía en él» —Salmo 34:8—, no como una frase devocional sino como alguien que, en medio del peligro y la incertidumbre, ha probado personalmente esa bondad.
Quienes conocen estas historias encuentran en este enfoque «integrador» una dimensión completamente nueva. (De hecho, nuestros amados pastores, maestros y líderes, invierten su tiempo estudiando comentarios y textos que permiten justamente esto). Se trata no solo de saber qué le aconteció a David, sino entender cómo lo vivió, qué oró, cómo confió y de dónde sacó fuerzas para seguir adelante. Porque eso es algo que nosotros necesitamos diariamente.
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Lo que acabas de leer no es un comentario bíblico ni un libro devocional sobre David. Es simplemente lo que ocurre cuando lees La Biblia en orden cronológico tal como está diseñada.
Esta Biblia presenta las Escrituras completas —en el fiel texto de la versión Reina-Valera 1960, sin cambiar una sola palabra— organizadas en el orden en que ocurrieron los acontecimientos. Entre cada pasaje, una narrativa cuidadosamente escrita prepara al lector para lo que leerá, ubicándolo en el contexto histórico y sumergiéndolo en la escena como si estuviera presente. No es una paráfrasis. No es un resumen. Es la Palabra de Dios de una manera que pocas veces se experimenta.
Pero David y los Salmos son solo una parte... Los cuatro Evangelios aparecen integrados en un único relato continuo de la vida de Jesús. Las cartas de Pablo están ubicadas dentro del libro de Hechos, en el momento exacto en que fueron escritas, de modo que cada una cobra un significado completamente nuevo cuando sabes a quiénes iba dirigida y qué estaba enfrentando la iglesia en ese momento. Los profetas del Antiguo Testamento aparecen en medio de la historia de Israel, con su voz encendida y urgente resonando en el contexto preciso que les dio origen y más.
La Biblia en orden cronológico es ideal para quienes perciben que su estudio bíblico se ha vuelto rutinario, o quienes quieren leer la Biblia completa pero no encontraron la manera de hacerlo. Está dividida en 365 secciones de lectura diaria, cada una de menos de cinco páginas, lo que la convierte en una compañera ideal para el devocional personal. En un año, el lector habrá recorrido toda la Biblia de principio a fin.
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