Se ha dicho con frecuencia que, al encontrarnos cara a cara ante la presencia de Dios, nuestro primer impulso será presentarle todos aquellos interrogantes y dudas doctrinales que nos inquietaron en la tierra. ¿Quién no ha contemplado alguna vez la posibilidad de ese diálogo? Sin embargo, no necesitamos esperar a la eternidad para buscar claridad sobre aquello que Dios ya ha revelado con propósito y orden en las Escrituras.
Una de las enseñanzas que permanece en el centro del debate es la presentada por el apóstol Pablo respecto al ministerio de la mujer en la iglesia; a lo largo de los años, diversas formas de pensar se han desprendido de variadas interpretaciones. ¿Puede la mujer predicar en la congregación? ¿Le es permitido ejercer el rol de líder o pastora? ¿Dios colocó al hombre y a la mujer en la misma posición de autoridad y responsabilidad eclesiástica?
¿Para entender a Pablo se apela al contexto histórico o a la cultura de la época?
Hoy, la controversia persiste bajo una aparente dicotomía. Sin embargo, la solución a este dilema no puede brotar de las emociones, la tradición humana, el posmodernismo o las corrientes de empoderamiento. La respuesta debe cimentarse, como toda verdad bíblica, en una hermenéutica rigurosa y una exégesis profunda que logre desentrañar la igual dignidad entre hombres y mujeres, reconociendo —al mismo tiempo— las distintas funciones que Dios ha asignado a cada uno.
Así lo establece Lucas Alemán en la introducción al libro El rol de la mujer en la iglesia, un sólido compilado de exposiciones teológicas a cargo de destacados profesores del Master’s Seminary en español, en colaboración con académicos del Southern Baptist Theological Seminary y Temple University.
Ante el panorama de un debate, el doctor en teología Abner Chou (Master’s Seminary), prologa y afirma que la idea de que la verdadera realización femenina se encuentra en la independencia profesional y la igualdad funcional con el hombre, es una ideología que no se limita al ámbito secular, sino que se ha infiltrado también en la iglesia. Concluye con el argumento principal que se esgrime en la actualidad en el debate: «El argumento igualitario se presenta con una lógica atractiva: si una mujer tiene la capacidad de enseñar o liderar, ¿por qué negarle el ministerio pastoral? Aunque Pablo prohíbe explícitamente esta práctica en el Nuevo testamento (1 Co. 14:33b-35; 1 Ti. 2:11-15), muchos sostienen que sus instrucciones respondían a problemáticas culturales de su época, sin intención normativa para la iglesia».
La iglesia de los siglos XX y XXI no ha podido apagar el fuego de la controversia, donde la pregunta en el aire es: ¿es un asunto doctrinal de vital importancia para la gloria de Dios y el testimonio del evangelio?
La respuesta de Chou es contundente: el rol de la mujer en la iglesia no es un asunto secundario, ni una simple preferencia cultural. Es una cuestión de orden divino. «Dentro de este orden perfecto, Dios creó al hombre y a la mujer con igual dignidad, ambos portadores de su imagen (Gn. 1:26-27). Sin embargo, en su sabiduría, estableció diferencias funcionales, el hombre recibió la responsabilidad primaria del liderazgo (Gn. 2:16-17), mientras que la mujer fue creada como ayuda idónea del hombre (Gn. 2:18). Esta distinción no denota superioridad ni inferioridad, sino una complementariedad que refleja la belleza del diseño divino».
En El rol de la mujer en la iglesia, abordando diferentes perspectivas, cada uno de los colaboradores asevera que la verdad bíblica debe preservarse de la influencia del feminismo, dado que cualquier ideología progresista que busca redefinir la esencia de ser hombre y mujer cuestiona los fundamentos mismos del orden creado por Dios, deformando la estructura familiar y generando confusión en la identidad sexual. Por lo tanto, más allá de qué postura doctrinal se asuma como ganadora de la contraversia, la verdad es una: «La iglesia está llamada a reflejar el orden establecido por Dios desde el principio. En ella, hombres y mujeres viven y sirven conforme al diseño del Creador, no por imposición cultural, sino como expresión de obediencia gozosa y sabiduría divina. […] De esta manera, la vida ordenada de la iglesia evidencia el poder redentor y santificador del evangelio, y es faro de esperanza en medio de la descomposición social», como afirma Abner Chou.
No debería preocuparnos quién gana el debate sino conocer el diseño divino para el hombre y la mujer en el orden establecido por Dios, de acuerdo con las Escrituras.
Te invitamos a profundizar en el diseño divino sobre El rol de la mujer en la iglesia; una obra pensada para exponer este tema dentro del marco soberano de las Escrituras. Para explorar este recurso, haz clic aquí.

