Por Charles Ryrie
La verdadera espiritualidad requiere tres factores. El primero es la regeneración: nadie puede ser espiritual en el sentido bíblico sin haber experimentado primeramente la vida nueva que se otorga libremente a todo aquel que cree en el Señor Jesucristo como Salvador personal.
En segundo lugar, el Espíritu Santo está implicado preeminentemente en la producción de espiritualidad. El ser lleno del Espíritu significa ser controlado por el Espíritu. La clave de esta definición se encuentra en Efesios 5:18, donde hay contraste y comparación entre estar alcoholizado y el ser llenos del Espíritu. Porque de la misma manera que la persona ebria se siente controlada por el licor que consume, así la persona llena del Espíritu se siente controlada por el mismo Espíritu, y actúa de forma contraria a la vida antigua que llevaba. El ser controlado por el Espíritu es parte necesaria de la espiritualidad.
El tercer factor que se requiere en la espiritualidad es el tiempo; tiempo para obtener conocimiento y adquirir experiencia para juzgar todas las cosas. Esto no puede realizarse de la noche a la mañana, sino que se aplica, en realidad, al cristiano ya maduro.
Madurez parece ser la clave del concepto de espiritualidad, porque la madurez cristiana es el crecimiento que el Espíritu Santo produce durante un periodo de tiempo en el creyente.
Por tanto, he aquí una propuesta de definición de la espiritualidad que trata de ser concisa y al mismo tiempo tener en mente los factores antes discutidos: La espiritualidad es una relación madura con el Espíritu Santo.
Aunque pueda ser esta sencillamente otra manera de decir que la espiritualidad es la madurez cristiana, ¿cómo podemos saber si somos espirituales? La espiritualidad es evidente en el creyente por medio de:
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Su carácter. El fruto del Espíritu (Gál. 5:22, 23) es una descripción perfecta del carácter de Cristo; así que el cristiano que es espiritual mostrará amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Estos son los rasgos que decribirán su carácter.
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Su conocimiento. El alimento sólido de la Palabra de Dios es para los cristianos maduros (He. 5:14), y Pablo esperaba que los corintios, después de cuatro o cinco años de experiencia cristiana pudieran entender el alimento sólido de la Palabra. La leche de la Palabra es para los bebés de Cristo, y Pablo no regañaba a los corintios por tomar leche cuando eran recién convertidos. Pero cuando su comida continuaba siendo leche sola, hizo como el escritor de la carta a los hebreos, que les denunció como cristianos defectuosos.
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En sus actitudes. El cristiano espiritual mostrará al menos dos actitudes básicas por toda la vida. La primera es la actitud de agradecimiento (Ef. 5:20). Ha de ser una actitud del creyente que abarque todo: en todo tiempo y en toda situación. La segunda actitud es la de Efesios 4:3: «solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz». La palabra guardar muestra que la unidad ha sido ya hecha por el Espíritu. Pero el hecho de que también se nos exhorta muestra que no debemos de romper esa unidad.
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En su conducta. La espiritualidad también se demuestra en el individuo por una conducta apropiada, que es resultado del uso correcto, juicioso y maduro del conocimiento para hacer lo que sea provechoso para el bien de otros (He. 5:13, 14). Para alcanzar este estado y conseguir la habilidad para emplear con pericia la Palabra de Dios, se necesita tiempo para ejercitar los sentidos espirituales.
De este modo, hay grados de crecimiento dentro del campo de la madurez; el hombre espiritual que está experimentando una relación adulta con el Espíritu Santo no se encuentra estancado, sino que tiene una relación creciente en su caminar con el Señor.
La Biblia debe ser la guía y la prueba de todas nuestras experiencias en la vida espiritual… y, si alguna experiencia no pasa esa prueba, debe descartarse. Una aplicación desequilibrada de las doctrinas relacionadas con la espiritualidad dará como resultado una vida cristiana desequilibrada.
El equilibrio en la vida cristiana sucede por medio de una espiritualidad genuina, es decir, a partir de todo principio establecido en la Biblia; y de una espiritualidad saludable, donde esos principios bíblicos se apliquen equilibradamennte en las diferentes áreas de la vida cristiana.
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El texto previo es un extracto y adaptación del contenido de Equilibio en la vida cristiana, escrito por Charles Ryrie. Para obtener más información y descargar páginas de muestra pulsa aquí.
