En la formación integral de los niños, especialmente entre los 8 y los 12 años, surge un interrogante común: ¿cómo lograr que los principios bíblicos dejen de ser conceptos abstractos para convertirse en parte integral de su vida, conducta y actitud? La respuesta parece hallarse en facilitar encuentros genuinos y personales entre los niños y Dios, no hay un puente más sólido para este encuentro que la oración entendida no como un ritual, sino como el desarrollo de una relación de absoluta confianza en Dios y de la certeza de que Dios nos escucha. 

En una edad donde el niño comienza a plantear sus propios interrogantes y es motivado por su propia curiosidad, es esencial que aprenda que puede acudir a su Padre celestial con total sinceridad, volcando sus pensamientos y emociones sin reservas.

El Señor Jesús, en su infinita sabiduría, nos dejó un modelo de oración para que supiéramos no solo qué pedir, sino cómo alinear nuestro corazón con el suyo.

Enseñar el modelo de oración registrado en Mateo 6:9-13 no es una tarea de memorización mecánica, sino un discipulado del corazón.

Al ayudar a comprender el modelo de oración por excelencia que el Señor enseñó, invitamos al niño a un viaje de descubrimiento personal. Declarar esas primeras palabras, «Padre nuestro», lleva a experimentar la seguridad de orar con total confianza, comprendiendo que Dios es, ante todo, nuestro Padre amoroso.

A medida que el niño aprende el modelo de esta oración, descubre que Dios es grande y cercano y, al mismo tiempo, que Él es único y está por encima de toda la creación («santificado sea tu nombre»). Afirmar esto: «venga tu reino» es reconocer un proceso donde aprende a alinear la voluntad propia; no se trata de que Dios haga lo que nosotros queremos, sino de que nosotros deseemos caminar en sus propósitos.

Esa conexión y acceso le permite traer sus necesidades diarias con absoluta seguridad y aprender el valor de la gracia: el ejercicio de confesar pecados, pedir perdón y, a su vez, perdonar a los demás. Finalmente, el camino de la oración lo conduce a buscar protección espiritual, encontrando en Dios la ayuda necesaria para alejarse de lo que daña y la fortaleza frente a cualquier acechanza del mal.

Orar teniendo como base la oración modelo que enseñó el Señor Jesús conduce al niño hacia una intimidad y confianza total con Dios, su padre celestial. Lo invita a dejar de ser oidor pasivo de las Escrituras para convertirse en participante activo de su propio crecimiento espiritual, fundamentado en la seguridad de que Dios es su Padre.

Por supuesto, enseñar con claridad verdades tan profundas a corazones en crecimiento podría resultar un desafío. Incluimos aquí un gráfico que probablemente resultará fácil de explicar y revisar con los más pequeños. Mientras más temprano se pueda propiciar la búsqueda intensa del rostro y la voluntad de Dios, mucho mejor.

El texto previo es un extracto y adaptación de la lección número 9 página 14, de Biblia Infográfica: Diario Aventura, que forma parte de la familia de recursos Biblia Infográfica para niños.

Para obtener más información, descargas gratuitas y páginas de muestra de cada uno de los cinco libros de la colección, visita www.portavoz.com/bibliainfo?