La importancia de escudriñar las Escrituras
El cristianismo es Cristo. Él es la piedra angular de la fe cristiana. Sin embargo, no podemos ignorar que existen en nuestro tiempo varios intentos de tergiversar la cristología bíblica a favor de algún sistema teológico o de alguna ideología en el plano social.
Es posible mencionar diversos «cristos» que deambulan por la escena contemporánea pretendiendo suplantar al Cristo de las Escrituras. Esta situación nos obliga a hacernos una pregunta fundamental que ha resonado por siglos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?». La doctrina de la deidad y de la perfecta humanidad de Cristo ha sido y sigue siendo uno de los pilares fundamentales de la Iglesia cristiana.
Si Cristo no es Dios encarnado, la fe cristiana no podría sostenerse.
Esta verdad ha sido creída y enseñada por la mayoría de los cristianos a lo largo de los siglos por considerarla como una enseñanza de profunda raigambre bíblica e indiscutiblemente apostólica. No obstante, el reto que confronta el estudiante de la Biblia hoy es, al mismo tiempo, formidable y multiforme. Por un lado, está el humanismo con sus postulados de que el hombre es intrínsecamente bueno y capaz de autoperfeccionarse mediante el uso de su inteligencia y experiencia. A esto se suma el racionalismo moderno, que rechaza todo absoluto, incluyendo la existencia de Dios. Y, de manera más reciente, el siglo XXI está siendo dominado por el llamado posmodernismo. Este sistema de pensamiento tiene como centro hacer que todo ser humano sea su propio dios. Enseña que Dios no hace falta, que el hombre es capaz por sí mismo de resolver todos sus problemas.
Esta erosión de la verdad ha tenido un impacto directo en cómo se percibe al Salvador. Poner en tela de juicio la autoridad de la Biblia engendra un debilitamiento de las doctrinas que de esta se derivan. Una dilución de la bibliología casi siempre ha dado como resultado una cristología débil. Por ello, se hace necesario enfocar de nuevo el tema de la persona de Cristo. Es preocupante observar cómo muchos soslayan la deidad de Cristo, acomodándose a la mentalidad que se resiste a creer en lo sobrenatural; en tanto que otros exaltan la humanidad de Jesús de Nazaret con menoscabo de su deidad. Está muy de moda hablar del Jesús hombre y no del Cristo que, según el testimonio de las Escrituras, es Dios-Hombre verdadero.
Desde muy temprano en su historia, la Iglesia ha sufrido ataques de corrientes contrarias a la fe que profesa. El mayor daño que la Iglesia ha sufrido no ha sido causado por ataques externos, sino más bien producido por la infiltración de doctrinas contrarias a la Palabra de Dios. Entre estas desviaciones históricas encontramos a los ebionitas, quienes tenían la tendencia a interpretar a la persona de Cristo como un mero hombre, privilegiado por el descenso del Espíritu Santo sobre su persona a la hora de su bautismo. También surgieron los gnósticos, quienes claramente negaban tanto la absoluta deidad como la perfecta humanidad de Cristo. Otra vertiente peligrosa fue el docetismo —derivación del gnosticismo—, cuyos seguidores afirmaban que el nacimiento, el cuerpo, los sufrimientos y la muerte de Cristo fueron solamente una apariencia ilusoria. Del mismo modo, el monarquismo agrupó a los antitrinitarios que surgieron durante el siglo III. Dentro de este movimiento, los patripasianos enseñaban que fue el Padre quien sufrió en la cruz y no el Hijo. Contra estas y otras distorsiones, el sector ortodoxo de la Iglesia siempre afirmó que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre impecable.
Mucho podría decirse del desafío del racionalismo, el materialismo, el universalismo y otras corrientes, tanto filosóficas como teológicas, que tratan de socavar los fundamentos de la fe cristiana. Incumbe al estudioso de las Escrituras, al pastor, al evangelista, al teólogo, permanecer firme frente al reto de los que se oponen a la verdad bíblica, pero, al mismo tiempo, estar bien informado y dispuesto a exponer dicha verdad.
Las Escrituras dan testimonio de Cristo (Jn. 5:39). Escudriñarlas, por lo tanto, debe ser la tarea primordial de todo aquel que desea saber a cabalidad quién es Jesucristo. Los cuatro Evangelios con los que comienza el Nuevo Testamento son documentos históricos cuyo contenido debe tenerse en cuenta. Dichos documentos fueron escritos por testigos fieles y deben estudiarse con toda seriedad y respeto.
La iglesia cristiana necesita el aporte de exégetas y expositores de las Escrituras que con toda seriedad y fidelidad den a conocer al pueblo de Dios las verdades de la Biblia.
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El texto previo es un extracto y adaptación del contenido de Jesucristo el incomparable, escrito por Evis L. Carballosa. Para obtener más información y descargar páginas de muestra pulsa aquí.
