¿El libro del Génesis merece toda nuestra confianza?
Por John MacArthur
En el epicentro de la cultura contemporánea se libra una contienda silenciosa pero devastadora que define el destino de nuestra fe y el futuro de la sociedad. Gracias a la teoría de la evolución, el naturalismo se ha convertido en la religión dominante de la sociedad moderna. Hace menos de un siglo y medio, Carlos Darwin hizo popular el credo de esta religión secular. Si bien todas las teorías de Darwin acerca de los mecanismos de evolución fueron descartadas mucho tiempo atrás, el naturalismo ya ha reemplazado al cristianismo como la religión principal del hemisferio occidental, y la evolución se ha convertido en su dogma central.
El naturalismo es una perspectiva en la que toda ley y toda fuerza que opera en el universo es de carácter natural y no moral, espiritual o sobrenatural. Se caracteriza en esencia por el ateísmo y rechaza el concepto mismo de un Dios personal. Sin embargo, toda la filosofía naturalista, paradójicamente, tiene una premisa basada en cierto tipo de fe. Su presuposición básica, que es un rechazo de todo lo sobrenatural, requiere un salto de fe gigantesco.
Esta cosmovisión se presenta a menudo bajo el disfraz de una objetividad científica incuestionable, pero su esencia es profundamente espiritual.
Incluso los mayores íconos de la ciencia moderna han actuado como «evangelistas» de este sistema de creencias. Considere por ejemplo el caso de Carl Sagan. En todos sus programas predicaba una visión del mundo que se basaba por completo en presuposiciones naturalistas. «El cosmos es todo lo que es, lo que siempre fue y lo que siempre será». Tal como los idólatras a quienes Pablo describió, Sagan puso la creación en el lugar que corresponde nada más que al Creador. Este es el mismo error detallado en Romanos 1:20-22:
«Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios».
Las repercusiones de abandonar el relato del Génesis no son solo académicas; han alterado el tejido mismo de la moralidad humana. El ascenso del naturalismo ha ocasionado una catástrofe moral en la sociedad moderna. Todas las ideologías más dañinas de los siglos diecinueve y veinte estuvieron arraigadas en el darwinismo. El principal legado social y político del pensamiento de Darwin es un espectro completo de tiranías malvadas, con el comunismo inspirado por Marx en un extremo y el fascismo inspirado por Nietzsche en el otro. La religión del naturalista elimina el concepto de responsabilidad moral y ética, y en última instancia abandona toda esperanza para la humanidad.
A pesar de esta realidad, el peligro más insidioso hoy no proviene solo del exterior, sino de la claudicación dentro de las propias filas cristianas. Muchos cristianos que afirman creer en la Biblia parecen dispuestos a permitir que teorías científicas modernas tomen el lugar que corresponde al relato de la creación de Génesis. Hay muchos en la iglesia que se sienten demasiado intimidados o avergonzados para afirmar la verdad literal del relato bíblico de la creación. Se han dejado confundir por un coro de voces que insisten en que es posible, y de hecho necesario en la práctica, reconciliar las Escrituras con las teorías más recientes de los naturalistas.
Esta tendencia ha dado lugar a interpretaciones que comprometen la integridad del texto sagrado. Cada vez es mayor el número de los que se acogen a una perspectiva conocida como «creacionismo de la tierra antigua», en el cual se mezclan algunos principios del creacionismo bíblico con teorías naturalistas y evolucionistas. Para poder lograrlo, comprometen el texto bíblico en lugar de hacer una exégesis honrada del relato de la creación de Génesis. Emplean un método destructivo de interpretación, lo que permite cuestionar sin reparo la Escritura entera: si el significado directo de Génesis 1 puede desdeñarse y su lenguaje puede considerarse un mero recurso literario, ¿por qué no hacer lo mismo con Génesis 2, 3 o con cualquier otro pasaje de las Escrituras?
El riesgo teológico es inmenso, pues socava el fundamento mismo de la salvación. En Génesis 1 al 3 encontramos el fundamento de todas las doctrinas esenciales de la fe cristiana y el cimiento vital para todo lo que creemos como cristianos. Si Adán no fue el ancestro literal de toda la raza humana, la explicación bíblica de la manera como entró el pecado al mundo carece de sentido. Es más, si no caímos todos en Adán, tampoco podemos ser redimidos en Cristo, porque la posición de Cristo como cabeza de la humanidad redimida mantiene un paralelo exacto con la posición de Adán como cabeza de la humanidad caída. Como declaran las Escrituras: «Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados» (1 Co. 15:22).
La Biblia debe ser recibida como lo que es: la historia de la creación dada por revelación divina. En cada referencia del Nuevo Testamento al Génesis, los acontecimientos registrados por Moisés son tratados como hechos históricos. Jesús mismo se refirió a la creación de Adán y Eva como un acontecimiento histórico (Mr. 10:6). Pablo escribió a Timoteo: «Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión» (1 Ti. 2:13-14).
Es fundamental comprender que la ciencia verdadera nunca ha demostrado la falsedad de una sola tilde de la Biblia. Y jamás lo hará. La Biblia es la fuente suprema de la verdad, y por esa razón es el parámetro conforme al cual debe evaluarse toda teoría científica, no al contrario. Nuestra fe no se basa en conjeturas humanas cambiantes, sino en la Palabra inmutable del Creador. «Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía» (He. 11:3). La Biblia ofrece la única explicación precisa acerca de cómo inició la historia de la humanidad y de cómo podemos ser redimidos de nuestra situación desesperanzadora.
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El texto previo es un extracto y adaptación del contenido de La batalla por el comienzo, escrito por John MacArthur. Para obtener más información y descargar páginas de muestra pulsa aquí.
