Tras las huellas de la iglesia primitiva 
 
Por Nancy Guthrie

Al igual que un restaurador de arte que estudia los pigmentos originales antes de intervenir una obra, el contenido del libro de los Hechos permite descubrir el ADN espiritual de la iglesia. ¿Cómo esas historias encajan en la historia más grande de la manera en que Dios lleva a cabo sus propósitos de salvación en el mundo? ¿Cómo es ese poder que solo viene cuando el Espíritu obra a través de su Palabra en el interior de nuestra vida?  

El Señor Jesús, entronizado, actúa por su Espíritu a través de sus apóstoles, que predican la palabra, llevan el evangelio a todas las naciones y cumplen así el propósito original: la salvación de las personas. 

Algunos autores han sugerido que más allá del libro que redacta los hechos de los apóstoles, en realidad este libro trata acerca de los hechos del Espíritu Santo.  

Ciertamente, resulta significativo que el mismo Espíritu que permitió a Jesús hacer señales y prodigios permita a sus discípulos hacer señales y prodigios una y otra vez a lo largo del libro. El derramamiento del Espíritu Santo sobre quienes pusieron su fe en Cristo fue un acontecimiento decisivo en la historia de la humanidad. Sin embargo, debemos reconocer que el descenso y la morada del Espíritu Santo en el interior de cada persona no fueron un fin en sí mismos, sino que sirvieron a un fin mayor.

Sí, el Espíritu habla y actúa directamente en numerosos momentos, pero lo más significativo es que vemos al Espíritu obrar por medio de la palabra predicada de Cristo.

En este sentido, otro posible título para este libro podría ser hechos de la Palabra. La palabra casi parece adquirir una identidad propia, a medida que se difunde. El Espíritu actúa a través de la palabra para llevar a cabo la obra de una nueva creación. Solo para citar algunos versículos: Inmediatamente después de Pentecostés leemos que tres mil personas oyeron y recibieron la palabra que Pedro predicó. Y a partir de ahí la palabra se sigue difundiendo; Aunque arrestan y golpean a los apóstoles, lo siguen haciendo de todos modos. Incluso apedrean a Esteban y asesinan a Jacobo, pero leemos en Hechos 12:24: «Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba».

Ahora bien, nosotros, ¿comprendemos la magnitud de la salvación? ¿qué lugar ocupa la Palabra en nuestra concepción de la fe? En el Antiguo Testamento, la salvación tenía que ver con la liberación, la preservación y el rescate de los enemigos. Sin embargo, esa liberación física era solo el preludio de algo más vasto, era una sombra de una salvación mucho mayor y global que Él ha diseñado para personas de todas las naciones. La Biblia es un libro que narra la obra de Dios en el cumplimiento de su grandioso propósito para la historia: salvar a su pueblo de sus mayores enemigos, el pecado y la muerte.

En los Evangelios vemos cómo Dios obra para la salvación de su pueblo mediante la encarnación de Jesús. Asimismo, en el libro de Hechos vemos cómo el Señor Jesús sigue ejecutando el plan eterno de salvación de Dios para su pueblo mediante su ascensión, su asiento a la diestra de Dios y el derramamiento de su Espíritu en Pentecostés.  
Lo que el libro de Hechos nos muestra claramente es que Dios no se queda sentado esperando a que lo encuentres. Él obra en el mundo por su Espíritu a través de su pueblo para anunciar que la salvación está disponible para ti, sin importar quién seas.

Ante esta realidad, espero que el reconocimiento de que Hechos trata profundamente acerca de la salvación genere en ti al menos tres respuestas: 

  • En primer lugar, que te ayude a ajustar tu entendimiento para ver sus manifestaciones pasadas, presentes y futuras, de modo que puedas decir: «He sido salvo, estoy siendo salvado y seré salvo». «Necesito que mi corazón se expanda, que mi visión se amplíe, a medida que adquiero una comprensión más completa de cómo Dios está llevando a cabo sus propósitos».
  • En segundo lugar, espero que digas: «Quiero experimentar el poder del Espíritu Santo tal como se presenta en Hechos». El mismo Espíritu que obró en ellos todavía está obrando en nosotros.
  • Finalmente, espero que digas: «Creo que la herramienta que el Espíritu usó en el libro de Hechos es la misma que usa hoy: la Palabra de Dios». «Quiero que aumente en mi propio corazón, y quiero contribuir a que la Palabra de Dios aumente y se multiplique en mi generación». 

    Muchos anhelamos sentir que Dios realmente obra en nuestra vida. Queremos una nueva vitalidad en nuestro caminar con Cristo, una nueva percepción de quién es Él. Lo que necesitamos saber es que Dios tiene un medio particular: obra a través de su Palabra, que suele ser una obra un poco más lenta que instantánea. Suele obrar en nuestra cotidianidad más que con hechos portentosos. Puedo prometerte que, si te inclinas a escuchar lo que tiene que decirte, Dios hará una obra profunda en tu ser y te transformará.  
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    El texto previo es un extracto y adaptación del contenido de Salvación, escrito por Nancy Guthrie. Para obtener más información y descargar páginas de muestra pulsa aquí.