¿Alguna vez te has sentido como una oruga que, a pesar de caminar mucho, no logra despegar del suelo? Al igual que la oruga entra en el silencio del capullo para dejar de ser lo que es y convertirse en algo nuevo, nuestro crecimiento espiritual no se trata de lo que sabemos o hemos escuchado, sino de en quién nos convertimos. 
 
Todo creyente se ha preguntado alguna vez cómo crecer espiritualmente. Y no una vez, sino muchas durante todo su caminar cristiano. Puede resultar «la pregunta del millón», como si la respuesta fuera el tesoro mejor escondido o el hallazgo más valorado. 
 
Si bien algunas personas piensan que ese crecimiento espiritual se produce de manera automática, casi sin ningún esfuerzo, otros sabemos que es parte de un proceso… un proceso que involucra no solo tener información bíblica sino apuntar directamente a una metamorfosis del alma, considerar la Biblia no como una enciclopedia de datos sino el mapa de nuestra propia transformación.

«La Biblia no es simplemente un libro que se lee para informarse. Se lee para transformarse. Las palabras de la Biblia son la misma Palabra de Dios y transforman tu corazón cuando meditas en ellas. Eso es lo que la Biblia afirma de sí misma: es un tesoro perfecto que nos transforma, nos ilumina, nos juzga, nos prepara y nos hace crecer», afirma John MacArthur en su libro El corazón de la Biblia.  

La Biblia posee un poder transformador capaz de generar un auténtico crecimiento espiritual; sin embargo, este proceso exige trascender la mera información para alcanzar la transformación, pasando de ser simples oidores a convertirnos en hacedores. John MacArthur, fiel a su estilo riguroso, expone un proceso de cambio que emana del corazón del creyente y se nutre directamente de la esencia de las Escrituras. A través de la selección de 52 versículos, el autor articula una hoja de ruta que recorre desde el fundamento divino —el papel de las Escrituras, la confianza en el Señor y los aspectos prácticos de Su reinado— hasta la obra de la redención, que abarca el alcance de la cruz, los beneficios de la salvación, la gracia y la misericordia de Dios; todo esto para concluir con el llamado a una vida de santidad y discipulado —siguiendo a Cristo y negándose a uno mismo—, el propósito de la iglesia, nuestra transformación integral y el destino eterno que nos aguarda.

Al observar estos 52 versículos seleccionados, encontramos la respuesta al interrogante de «¿Cómo crezco espiritualmente?». La obra nos revela que el camino no es un misterio inalcanzable, sino el ejercicio de ¡predicarnos a nosotros mismos el evangelio completo!, creyendo en la Biblia y viviendo los mandamientos de Dios. 
 
MacArthur hace referencia al Salmo 19:7-9 para destacar de una manera sobresaliente y precisa las funciones de la Biblia. Él afirma que las Escrituras poseen múltiples facetas en nuestra vida cuando describe:  «El salmista da a las Escrituras seis títulos distintos, reflejando seis caras diferentes de una joya. Como “la ley de Jehová”, es la norma de Dios para la conducta humana. Como “el testimonio de Jehová”, es la revelación de Dios mismo; Dios dando testimonio acerca de quién es Él. Como “los mandamientos de Jehová”, es el conjunto de doctrinas y principios que el Señor quiere que conozcamos. Como “el precepto de Jehová”, es el mandato obligatorio y autorizado que Dios nos da. Como “el temor de Jehová”, es un manual de adoración que nos enseña a temer y adorar a Dios como es debido. Como “los juicios de Jehová”, las Escrituras nos dan los veredictos del Juez divino, Dios mismo. La Biblia es todo eso». 
 
Si bien nuestra cultura posmoderna tiende a buscar métodos para todo, y entre ellos las estrategias para crecer espiritualmente, sabemos que el método de Dios es y está en su Palabra, a la «cual haríamos bien en estar atentos» (2 Pedro 1:19). Como bien lo expresa MacArthur en El corazón de la Biblia: «Halla tu placer en conocer y hacer la voluntad de Dios. Medita noche y día en los pasajes que revelan su voluntad para tu vida. Entonces cuando camines, caminarás con los piadosos; cuando estés en algún lugar, estarás con los justos; cuando te sientes, te sentarás en un lugar que es santo. Esa es la senda hacia la bendición». 
 
No busquemos a Dios para saber o estar informados; busquémosle para crecer y ser transformados.
 
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No elijas el camino fácil, crecer espiritualmente no es producto de una metodología, sino de amar las Escrituras y obedecerlas; es producto de predicarnos el evangelio a nosotros mismos. Para saber más de El corazón de la Biblia de John MacArthur,
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