Hay muy pocas cosas tan atractivas al oído moderno como una buena historia de conspiración. Sin embargo, ninguna resultaría tan sobrecogedora, trascendental y, si se entiende bien lo que allí aconteció, tan cercana a nosotros como la que tuvo su desenlace en las alturas del Calvario. A menudo vemos la muerte de Jesús como un episodio consumado; lo damos por sentado olvidando los hilos invisibles que se movieron en las sombras de Jerusalén. ¿Quiénes fueron los rostros detrás de la máscara del arresto, juicio y castigo capital? ¿Quiénes fueron los instigadores, los cómplices silenciosos y aquellos que, con un simple gesto, sellaron un destino preanunciado por siglos?
¿Podríamos colocar bajo la lupa de la investigación a los culpables de la muerte de Jesús?
En El asesinato de Jesús, eso es precisamente lo que hace John MacArthur, ofreciendo una descripción contextual e histórica de cada actor, grupo religioso, político y social de la época, destacando el rol preponderante que tuvo el pueblo de Israel pero sin desmerecer a otros actores que intervinieron activamente durante el complot y la ejecución final del macabro plan… al mismo tiempo que exalta y contrapone un hecho fundamental al afirmar que Dios determinó el asesinato de Jesús, pues se trataba del «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo». (Juan 1:29)
«Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación. Entonces Caifás, uno de ellos, sumo sacerdote aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada; ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca. Así que, desde aquel día acordaron matarle». (Jn. 11:47–50, 53)
«En realidad, el asesinato de Jesús fue una amplia conspiración en la que participaron Roma, Herodes, los gentiles, el sanedrín judío y el pueblo de Israel; grupos diversos que aparte de este suceso casi nunca estaban en pleno acuerdo el uno con el otro», afirma MacArthur. «De hecho, es significativo que la crucifixión de Cristo es el único acontecimiento histórico donde todos esos grupos sumaron sus fuerzas para conseguir un objetivo común. Todos eran culpables. Juntos llevaron la culpa. Los judíos como raza no eran ni más ni menos culpables que los gentiles. […] Fue, en esencia, un acto colectivo de la humanidad pecadora contra Dios», concluye.
Pero aquí reside el giro más audaz del libro: lo que a ojos humanos parece el plan más inicuo diseñado por pecadores, fue en realidad un drama que se desarrollaba en perfecta armonía con un propósito superior. El autor nos revela que, detrás de la conspiración terrenal, operaba el control soberano de un Dios que había establecido este plan desde antes de la fundación del mundo.
MacArthur analiza las Escrituras detalladamente para afirmar que «Las Escrituras enfatizan de principio a fin que la muerte de Cristo fue ordenada y determinada por el mismo Dios», citando entre otros versículos, Isaías 53:10: «Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento» y, sintetizando Hechos 2:23, fue «entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios».
En El asesinato de Jesús, John MacArthur conduce al lector a reflexionar sobre el propósito redentor de Dios, la razón de ese plan profundamente espiritual en el que Jesús pone su vida «en expiación por el pecado». El autor afirma: «[Dios] se agradó por la obra de redención realizada. Se agradó de que su plan eterno de salvación tuvo cumplimiento. Se agradó con el sacrificio de su Hijo, quien murió para que otros pudieran tener vida eterna. Se agradó de manifestar su justa ira contra el pecado de una manera tan gráfica. Se agradó de demostrar su amor por los pecadores a través de ese majestuoso sacrificio».
¿Fue una turba enardecida o una maquinaria política perfecta? Quizás ambas, pero bajo la dirección de un arquitecto invisible que permanece absolutamente soberano sobre todas las cosas, incluso cuando el mal parece prevalecer. Se trata de un análisis —tanto definitivo como paradójico— del asesinato que, aunque parezca el mayor de los crímenes, fue siempre el más sagrado de los planes.
Finalmente, como MacArthur afirma, «Lo que ocurrió en el Calvario fue el peor acto jamás maquinado por la depravación humana, y la obra más vil que se haya cometido en toda la historia de la humanidad. Aun así, de ella procede el mayor beneficio de todos los tiempos, la redención de innumerables vidas, y la demostración de la gloria de Dios como Salvador. Aunque los asesinos pretendían el mal contra Cristo, Dios lo convirtió en bien, para salvar a muchos». (Ver Génesis 50:20)
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El texto anterior es un extracto de El asesinato de Jesús, por John MacArthur, en donde el lector puede conocer el análisis completo. También puede descargar algunas páginas de muestra pulsando aquí.

