El 2026 empezó con todo un acontecimiento: parece que Venezuela comienza a florecer de nuevo. El escenario del mundo tiene aires de libertad, pero también de confusión, de mentira; de incredulidad y de negación de la existencia de Dios. Desafortunadamente, hoy día parece que en la mayoría de los casos domina todo lo que es contrario a Dios y más centrado en uno mismo, en el amor propio, en sacar a Dios de la ecuación para ponernos nosotros en el centro. Es ahí donde radica nuestra sociedad marchita y sin esperanza, en lugar de personas que florezcan.
¿Dependes de lo que los demás piensen de ti o de lo que Dios diga que eres?
Amarse a uno mismo es un mal de nuestro siglo, «de los últimos tiempos».
Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita (1 Timoteo 3: 2-5).
Sobre esto, Lydia Brownback, académica del Westminster Theological Seminary y conferenciante, en su libro Florece, afirma: «Al leer la lista de peligros que menciona Pablo, una palabra llama mi atención: amadores. El apóstol habla específicamente de amadores de lo malo. Los tiempos difíciles vienen porque las personas se aman a sí mismas, aman el dinero y aman los deleites en lugar de amar lo bueno y a Dios».
Manifestaciones de amor hacia uno mismo hay muchas. Un predicador expositivo famoso definió las «redes sociales» y el uso cautivo del dispositivo móvil y sus apps como «personas amadoras de sí mismas, que son su propio Dios». Por lo que florecer como personas no es tener cientos de likes o de «amigos» o «seguidores» o buscar ser un «influencer», sino en tener una verdadera identidad, y esa solo la puede dar Cristo.
Esto es, sin duda, el narcicismo del siglo XXI. «Las selfis alimentan el motor de las redes sociales. [Muchos de nosotros] cambiamos nuestra foto de perfil cada semana o incluso a diario. Algunas de esas fotos, que se sacan en el momento, son espontáneas y divertidas, pero muchas otras son el resultado de innumerables tomas, en busca de la foto perfecta, que nos muestra de la forma que más nos favorece. La era de la selfi (y el hecho de que las selfis existan) nos permite influir en cómo los demás responden a la pregunta que siempre nos hacemos: “¿Qué piensa la gente de mí?”».
Pero Lydia Brownback dirige al lector hacia el lugar que ya tenemos como hijos de Dios: «Uno de los aspectos más asombrosos de estar [unidos] por la fe a Cristo es que Él se convierte en nuestra verdadera identidad. […] Si no comprendemos esto, no podemos disfrutar de la libertad que trae dejar de pensar en [nosotros mismos]». Se trata entonces de dejar que la verdad de Cristo nos libere de la mentira de una vida centrada en uno mismo. «Nuestra vida está ahora en los lugares celestiales con Cristo», afirma la autora con respecto de la verdad de Efesios 2:4-6.
Y toda verdad bíblica debe tener una aplicación práctica: «Si centramos nuestros pensamientos y nuestras actividades en [nosotros mismos], nuestro mundo se volverá cada vez más estrecho». Y: «La felicidad no proviene de que los demás piensen bien de [nosotros], sino de pensar menos en [nosotros mismos]».
La invitación para todo hijo de Dios es a florecer, a pensar bíblicamente, a discernir lo que la sociedad ofrece, a no permitir que la ansiedad tome posesión por lo que otros piensen respecto de nosotros; a considerar lo que Dios dice que ya somos en Cristo. «El problema es pensar demasiado en [nosotros mismos], punto. Vivir libre de esta tendencia comienza con el discernimiento. Comienza con establecer la relación entre esta tendencia y lo que estamos consumiendo, no solo de nuestra cultura, sino también de enseñanzas que no aplican correctamente la Palabra de Dios a nuestra vida cotidiana».
No esperes una primavera espiritual, es decir, «algo extraordinario» que suceda para entonces florecer. Sino considera tu identidad en Cristo, y con base en la verdad de Dios deja que Él florezca en ti. «Pues en él vivimos, nos movemos y existimos» (Hechos 17:28, NTV).
«Cualquiera que sea el problema, nuestra apariencia, nuestra familia, nuestro hogar o nuestros hijos, apagamos el gozo de nuestra fe y dañamos nuestro testimonio de Cristo si llevamos una vida de preocupación por lo que pensarán los demás de [nosotros]. Parece contrario a las expectativas lógicas, pero la felicidad no proviene de que los demás piensen bien de [nosotros], sino de pensar menos en [nosotros mismos]».
¿Se puede florecer solo «amándose» a sí mismo? Sin duda que no se puede, a menos que «respiremos el aire espiritual correcto».
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Descubre más sobre cómo florecer en Cristo en Florece de Lydia Brownback (incluye Guía de estudio). Lydia Brownback es autora de varios libros, entre ellos Mujeres sabias, De mujer a mujer y Soledad redimida. Pulsa aquí.

